"Este juego es generoso con los que lo respetan". Hace unos años me apropiaba de esta frase, la hacía mía y la ponía en lo alto de una entrada como título de la misma. Es de Sergio Scariolo, entrenador en aquellos momentos de la selección española de basket, apodada "La Familia" por el sentimiento de pertenencia que los integrantes tienen cuando acuden a su llamada, y por la sensación que los nuevos experimentan en el trato recibido nada más ingresar.
Me gusta mucho esta frase. No por que la haya dicho Scariolo, sino por la explicación que da a continuación: "refleja perfectamente la manera en la que me siento entrenador", y también por el momento que escoge para hacerlo; en el vestuario tras la semifinal del Mundial de 2019 en que España se proclama campeona. Un entrenador de un deporte de competición, con todas las normas y reglas que un deporte como el baloncesto tiene, cuyo fin último es ganar, hablando de juego y de respeto. No puedo estar más de acuerdo, todo deporte es un juego al que hay que jugar y, si lo respetas (que es algo que va implícito pero no siempre se hace) dignificas al deporte que amas y te haces tú mismo digno de jugarlo o enseñarlo. Importante esto de enseñar... ya sabéis que un entrenador hace mucho más que enseñar, ¿verdad?
En aquella entrada de hace años, haciendo referencia a unas declaraciones de Steve Kerr, entrenador de los Warriors, sobre el trabajo de los entrenadores en categorías inferiores, yo escribía lo siguiente: "a los entrenadores de categorías inferiores hay que dejarlos trabajar. Totalmente de acuerdo. Ni por asomo se me ocurriría meterme a discutir de aquello sobre lo que no tengo control ni los conocimientos suficientes, ni siquiera teniéndolos. Con una salvedad, hay que dejarlos trabajar mientras hagan correctamente el trabajo que se les ha encargado y para el cual han de estar preparados. Y con preparados no me refiero a los conocimientos necesarios sobre el deporte en si, que es algo que no se discute, sino a la gestión humana, que por algo trabajamos con personas. Y este aspecto, al que no prestamos la atención que sin duda merece, me mata".
El baloncesto, al igual que todas las actividades en las que compartes el terreno de juego y disputas un móvil con el rival, son deportes en los que se establecen relaciones de cooperación-oposición con los compañeros y los rivales. Hay que tratar de escapar de la vigilancia del contrario y el contrario intentar robar el balón siempre dentro de unas normas. ¿Hay contacto?, sí, por supuesto. Pero no son deportes de combate o de lucha, e incluso en estos existen unos límites que no deben cruzarse. En cualquier definición de táctica que hagas, esta debería acabar con la frase: "siempre dentro de los límites del reglamento". Pues bien, o la comprensión lectora es pobre, o los límites del reglamento están difusos y entonces lo que debemos es ir al oculista. Ya, dicen las malas lenguas que las normas están para no cumplirlas, incluso hay lenguas peores que las malas que incitan a engañar al árbitro, y que si este no pita vayamos más al límite. ¿Quiénes se ven perjudicados con esta forma de actuar? Aquellos que juegan por el placer de jugar, aquellos para los que el deporte es una lección de vida y la han aprendido bien. Recientemente Mick Cronin, entrenador de UCLA, retiró voluntariamente (agarrándolo de la camiseta) a uno de sus jugadores tras una falta flagrante cuando el jugador rival estaba en el aire y no tenía control sobre su cuerpo. Había faltado a clase el día que explicaron ese límite y lo aprendió por las malas de la mano de su entrenador que, en ese momento, dejó de enseñar el juego para educar en valores. ¿Sabéis lo malo de todo esto, de faltar al respeto al deporte?, pues que los que se ven perjudicados por esta concepción equivocada del deporte y no hallan apoyo en aquellos que tienen el poder de actuar y, por lo tanto, la responsabilidad y la obligación de hacerlo, corren el riesgo de parecer tontos. Lo bueno de los tontos, sin embargo, es que se equivocan porque no entienden aquello a lo que se enfrentan; pero con paciencia, compromiso y tiempo, pueden aprender. A la pregunta de si queremos que aprendan a jugar con malas artes, desprecio por el rival y por el deporte, la respuesta, para mí, es evidente... ¡NO!
Cuenta Marc Márquez en una entrevista, a propósito de la famosa patada de Rossi que lo sacó de la pista en una carrera, que no es bueno vivir con rencor porque es una pérdida enorme de energía y concentración. Estoy de acuerdo, se perdona pero no se olvida, por ello no hay que dar la mano a alguien que ya te la mordió. Hay un protocolo de choque de manos en algunos deportes al inicio y final de los partidos, en plan buen rollo y que gane el mejor. Me parece perfecto al inicio, pero no lo comparto al final si me has estado dando caña todo el partido y, por protocolo, tengo que darlo por bueno. Si el entrenador puede firmar el acta bajo protesta, contra el resultado o contra un hecho ocurrido durante el encuentro, ¿por qué no pueden los jugadores mostrar lo mismo renunciando a ese choque de manos cuando está plenamente justificado? Dice Eileen Gu, esquiadora acrobática nacida en Estados Unidos pero que compite por China, una crack cuya manera de pensar y transmitir sus reflexiones me flipa (obligatorio escuchar sus ruedas de prensa en las últimas olimpiadas) que "el deporte es muy honesto porque se trata de la evidencia y no de la autoafirmación". O del autoengaño. ¡Hala!, a reflexionar sobre esto que el algodón no engaña.
En ocasiones, cuando me da por escribir sobre las personas, me da también por hacer clasificaciones de estas. En esta entrada en concreto voy a clasificarlas en dos tipos: las que toman y las que dan. Las que toman quizá vivan mejor, pero las que dan duermen mejor porque juegan con sus propias reglas y viven de acuerdo a dos principios inquebrantables: la integridad y la honestidad. La integridad para decirse la verdad a uno mismo, y la honestidad para decirle a los demás las verdades que quizá no quieran oír. ¿Cuándo hay que echar mano de la honestidad? Cuando las cosas van bien. ¿Por qué cuando las cosas van bien? Veréis, cuando uno piensa y se marca un propósito, tiene que hacerlo también pensando en los escenarios donde todo va ir bien y no solo en aquello que puede ir mal. ¿Por qué?, porque en esos casos estás dispuesto a hacer lo necesario para conseguirlo; "haz lo que hay que hacer, cuando hay que hacerlo, tan bien como puedas hacerlo y hazlo todo el tiempo" (definición de disciplina de Bobby Knight). Cuando todo va mal no quieres oír un "ya te lo dije", lo que quieres es el cariño necesario para que la motivación encienda el motor de nuevo y la disciplina se ponga a trabajar. Marc Márquez, Rafa Nadal, Pau Gasol, todos ellos hablan de la importancia del entorno, de rodearte de personas a las que no le tiemble el pulso para contarte las verdades que no quieres escuchar. Que importante esto de escuchar, ¿verdad?. No hay mayor muestra de respeto que decirle a alguien lo que está haciendo mal, que no está dando lo que se espera de él, bajarlo del pedestal al que se haya subido, ponerle los pies en la tierra aunque en el olimpo de las estrellas se viva mejor. Todo ello es una muestra de que te importa.
Mike Krzyewski, Coach K, entrenador de Duke y uno de los más laureados y respetados de la historia, cuenta una anécdota de cuando empezó la secundaria con 14 años. Su madre le dijo: "rodéate de buenas personas que te hagan crecer. El éxito no es el azar, está construido por quién dejas que te rodee".
En aquella entrevista de Marc Márquez de la que hablaba antes, le preguntaban por qué dejar Honda (esto estaba claro, la moto no era buena y pasaba más tiempo sobre el asfalto que sobre la moto) e ir a un equipo pequeño cuando podía haber ido a cualquier otro más potente, con más medios y cobrando bastante más. Su respuesta fue que el dinero no lo puede comprar todo y, lo más importante, que no puede vivir con una pregunta, con el ¿y si...?, que si algo está en su mano, piensa que es lo correcto y puede hacerlo, adelante sin importar el que dirán. Que su vida la vive él acompañado de la gente de la que, él, decide rodearse.
Por todo ello, cuando las cosas se tuerzan de alguna manera y puedas ser parte del cambio que quieras ver, cambia. Cambia y dile a las personas que te importan que hay algo que no está funcionando. Si no te compensa lo que hay, ¿qué estás dispuesto a hacer para que la situación cambie? Si las cosas ya están mal, ¿qué importa que se pongan peor intentando que vayan mejor? Al menos, de esa manera, todos seremos conscientes que algo falla y las cartas estarán sobre la mesa esperando a quién tenga agallas para jugar. ¿Y si nada cambia? Si yo cambio todo cambia porque lo veré de otro modo y me quedará la satisfacción de haberlo intentado. El problema lo tendrán otros o yo si estoy equivocado, pero tanto de una u otra manera, habré aprendido.
Para terminar ahí va otra reflexión de Eileen Gu: "entreno como si nunca hubiera ganado y compito como si nunca hubiera perdido". Disciplina para seguir teniendo hambre de victoria, volviendo a lo básico a pesar de las medallas, y confianza para que no te afecten los errores o las expectativas ajenas. Por cierto, Eileen es una muestra de que los que hacen deporte sacan buenas notas. Estudia física cuántica en Stanford.



