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sábado, 11 de junio de 2016

ACTITUD E ILUSIÓN COMO MOTORES DE LA VIDA

        Hoy, de nuevo, vamos a hilar varios asuntos. A ver si somos capaces de entrelazarlos bien para observar las similitudes comunes que los unen y llegar a la conclusión que quiero mostrar.

        Creo que nada en la vida acontece por casualidad. Todo lo que nos pasa viene como consecuencia de hechos anteriores, de cúmulos de circunstancias para los cuales hay un detonante que hace que todo se alinee de algún modo y le encuentres sentido.

        No sé que tendrá el Manducka, pero una vez más, el detonante de esta entrada me pilló allí. Como nada es por casualidad pensaréis que paso mucho tiempo en los bares...pero no es el caso. Más bien es que tienen un amplio abanico de revistas deportivas con interesantes temas a los que echar un ojo. En esta ocasión es la revista TrailRun la que ocupa mi atención ( primer asunto a tratar) con un artículo sobre superación personal. Una chica que está a punto de correr la UTMB (Ultra Trail Mont Blanc) es diagnosticada de cáncer. Tres semanas después despide a una de sus amigas que sí va a disputar la prueba y lo hace con una sonrisa en los labios a pesar de las circunstancias adversas que atraviesa. Esta amiga relata que la inspiración para terminar la exigente prueba la encuentra en Lola, que así se llama la persona enferma. Más adelante vendrán los momentos duros propios de una enfermedad como ésta: quimio, radio, pérdida de peso, las fuerzas que se te van, etc... La sonrisa en todo momento...inalterable. Recién superado el mal trago, casi sin poner todavía los pies fuera del hospital, confiesa a sus amigas: me he inscrito en la Transgrancanaria!!!.




        Estamos finalizando el curso escolar (segundo y tercer asuntos a tratar). Es momento de poner notas, de valorar el esfuerzo e interés de los chavales. Hay una chica que está pasando por una dura experiencia personal. Se ha perdido la mayor parte del curso por un problema en ambas rodillas que se ha ido agravando con el paso del tiempo y debido al cual tendrá que acabar operándose. Éste es un tema que me afecta especialmente, por ella como persona fantástica, y porque al igual que a mí también le encanta correr. Yo no me imagino en su situación sin poder hacer una de las cosas que más me gustan.

        En la anterior entrada comentaba que me habían pasado un vídeo de Victor Küppers sobre motivación, ilusión y actitud. Es tan bueno y evocador que lo escucho a menudo. En ocasiones si voy solo en el coche, como no es necesario visionarlo, lo escucho a través del bluetooth. Y luego reflexiono. Para definir a las personas emplea una metáfora. Las compara con bombillas. Unas van por la vida a 30.000 vatios y otras en cambio parece que van fundidas. Las que van enchufadas te generan una sensación al conocerlas de olé, olé y oooooolé!!!. A esta chica le doy clase desde hace cuatro años y no se funde nunca.

        Según Küppers, la vida puede representarse con la siguiente formúla:

V = ( C + H ) x A

         La C son conocimientos. La H son habilidades y experiencia. Y la A es la actitud. La C y la H, suman. La A, multiplica!!!.

        Como decía antes es momento de poner notas. Me encuentro que en el caso de esta chica no tengo C ni H para evaluar. No me importa porque la trayectoria académica en todo este tiempo ha sido extraordinaria (la C y la H están sobradamente demostradas) y sería injusto que por circunstancias ajenas a uno que no se pueden controlar no siguiera siendo así. Y porque esta chica es sobre todo A, y la A es manera de ser y de eso va sobrada. Por lo tanto sobresaliente en actitud. Sé con seguridad que esa misma actitud me daría la C y la H que necesito porque con personas así no hay fallo posible. La vida pone ante ti problemas y circunstancias que no puedes elegir. Lo que si puedes escoger es la actitud con la que te enfrentas a ellas. Este tipo de personas, con su actitud ante la vida nos hacen mejores a los demás. Así que gracias, y mientras no puedas ya corro yo por ti hasta que podamos hacerlo juntos.




        Yolanda Fernández, autora del artículo de la revista TrailRun, finaliza diciendo que: "las carreras más duras están fuera de las competiciones y ahí es donde hay que apretar los dientes y demostrar de que estamos hechos".

        Se de la casualidad (las casualidades no existen. Sabían que hoy tocaba entrada y han dicho: venga, vamos a anunciarlo que casa perfectamente con el tema que nos ocupa) que hoy se ha conocido que a Javier Gómez Noya le han concedido muy merecidamente el Premio Princesa de Asturias de los Deportes. Estoy convencido que el  motivo principal no ha sido la espectacular trayectoria deportiva que atesora. Yo me inclino más por el hecho de que es un tío que tiene ilusión, pasión, perseverancia, afán de superación, nobleza y ACTITUD. Que todos éstos son los motores, valores o principios que mueven su vida y que ha sabido aplicarlos al deporte. Vaya si ha apretado los dientes fuera de la competición para poder hacerlo más tarde dentro de ella!!!. Lo he dicho otras veces. Todo campeón de verdad es primero persona y luego deportista.


OLÉ, OLÉ Y OOOOOOLÉ!!!




miércoles, 30 de septiembre de 2015

LOS VALORES EN EL DEPORTE...OTRA VEZ!!!

        Hacía ya mucho tiempo que no me asomaba por aquí. Quizá porque no encontraba tema interesante sobre el que charlar un rato. Sin embargo, desde hace unas fechas hay un asunto que a medida que van saliendo noticias, artículos o ruedas de prensa, me carcome y me cabrea de tal modo, que  he llegado a un punto en el que necesito sacar lo que llevo dentro para quedarme más tranquilo.

        Recientemente, la selección española de fútbol disputó dos partidos de clasificación para la próxima Eurocopa con pocos días de separación entre ambos. Entre un partido y otro, algún jugador decidió correrse una juerga. Dicen que había más, pero sólo trascendió el nombre de uno en concreto, conocido ya por hechos similares en anteriores ocasiones. Actitud nada profesional. 

        A este jugador en concreto se le pita y abuchea durante los encuentros que disputa con la selección y parece ser que la razón que se esgrime, desde algunas publicaciones y foros, es de tipo político porque resulta que este jugador es catalán. Yo, perdonadme si me equívoco, creo que la política en este país todavía no es de interés general como si lo es el fútbol y sus pormenores. Por lo tanto para mí las razones tienen que ver más con la conducta y el modo de proceder de esta persona que con el hecho de que haya nacido en una comunidad concreta.

        El motivo principal de mi cabreo es que a medida que voy leyendo artículos en diferentes publicaciones, de alguna manera "justifican" su comportamiento. Los hay que también reconocen que quizás se equivoque en las formas pero que por favor no se le pite, que pongamos de nuestra parte para que las aguas vuelvan a su cauce y que así pueda centrarse el chico en jugar al fútbol.

        Uno de estos artículos es de Amalio Moratalla. Escribe una columna de opinión en el diario Marca , y tengo que decir que es de los que le da más caña a este jugador y reconoce que se equívoca en ocasiones. Sin embargo, mi elección no viene dada por este tipo de artículos sino por uno que escribe ensalzando la figura de Pau Gasol tras la tremenda y antológica exhibición ante Francia en las semifinales del Europeo de baloncesto, torneo que días más tarde se adjudicaría nuestra selección.

        El artículo en cuestión lleva por título:"Las Formas y el Fondo". El caso es que éste tendría que ser válido para ambos deportistas pero a uno le pierden las "formas y el fondo", razones por las que es pitado, acción que es la única forma de expresión que las personas corrientes, que no pueden dar ruedas de prensa para justificar su comportamiento con un: "yo soy así y no voy a cambiar", tenemos para hacerle entender que de algún modo se está equivocando. Perdón, pero a mi ese motivo no me vale, y a él tendría que caersele la cara de vergüenza. Una muestra más de su mala conducta, de no pararse a pensar las cosas antes de decirlas y de su total falta de respeto para con los demás. La Libertad de Expresión, tan manida en los últimos tiempos, no vale para justificarlo todo, y menos cuando con ella haces daño al que tienes al lado. Donde acaba tu libertad comienza la del otro, y si con mis acciones coarto de alguna manera la de la persona que tengo a mi lado, mejor pararme a pensar cómo podría hacer para que esto no fuera así. Principio básico de la Convivencia.

        Mi hijo, que tiene 9 años, se expresa a veces con la sinceridad del que suelta las cosas sin pensarlas, acción por otro lado propia de su edad. En ocasiones tiene razón y en otras no. Pero lo que siempre intentamos hacerle ver es que el problema no está en lo que se dice, sino en el cómo se dice. A veces le pierden las formas. A este jugador casi siempre. Y no tiene 9 años. 

        Mi hijo, me ha salido sin yo pretenderlo del Madrid (yo también lo soy pero no he tenido nada que ver en ello, lo prometo). A pesar de ello, intento hacerle comprender que ser del Madrid, no trae implicado querer que el Barcelona pierda siempre. Todo lo contrario. Si juega la final de la Champions contra la Juve, vamos con el Barsa. Aunque al final duela que tengan un título más y se nos acerquen en el número de copas. Eso si, no nos ponemos la camiseta pero intentamos disfrutar del buen espectáculo. A veces discuto con él porque le cuesta entender ésto, pero claro, tiene 9 años. Creo sinceramente que en el fondo, este jugador también está equivocado.

        Para "justificar" la manera de proceder de este chico esgrimen motivos tales como que es sincero, coherente y que su compromiso con la selección es total. Me vais a permitir que discrepe porque no puedo, y sobre todo no quiero, ver las cosas del mismo modo. Sincero, quizás. Coherente, no. Y Compromiso ninguno. Alguien piensa que el compromiso de Pau Gasol en las semifinales del Europeo ante Francia se reducía a meter 40 puntos, coger 11 rebotes y poner tres tapones. Si es así perfecto. Pero eso es lo que hacen y el compromiso va más allá, abarca también lo que eres y el cómo te manejas en ciertas circunstancias. La dimensión de un deportista trasciende siempre del plano deportivo. Compromiso es hacer honor a lo que se espera de ti en el plano individual dentro del campo y como figura pública fuera de él. Es hacer honor al privilegio y responsabilidad que supone pertenecer a un colectivo de elegidos sobre el que recaen las ilusiones de cientos y miles de personas para las cuales hemos de ser ejemplo y espejo en el que mirarse. El Compromiso se da antes, durante y después de los partidos, no se acaba nunca. Empieza con uno mismo, sigue con tus compañeros, con los rivales, los árbitros, el público que nos aclama y que también nos pita...uff, dura tarea la verdad. ¿Comprensible que no siempre se esté a la altura?. Por supuesto. Equivocarse tantas veces...comprensible no. 

        Allá por el año 2010, tras proclamarse la selección española de fútbol campeona del mundo en Sudáfrica, se consideró que este grupo de personas eran merecedoras del premio Príncipe de Asturias de los Deportes. En el fallo del jurado se recoge que:

               "...los  jugadores y técnicos han dado ejemplo de ansias de superación, espíritu de equipo, sencillez y compromiso con los valores del deporte. Los éxitos futbolísticos han logrado en esta ocasión la máxima trascendencia popular, social y deportiva, tanto en España como fuera de ella..."

        Vicente del Bosque, en su discurso de recogida del premio, menciona entre otras cosas:

          "...somos, por tanto, beneficiarios de un estatus, de unos privilegios y de unas responsabilidades que no pueden ignorarse. Abanderamos y articulamos un fenómeno universal que nos anima a ser mejores cada día..."

               "...la selección que hoy recibe este premio es depositaria de unos valores que van más allá de los éxitos puntuales y su materialidad...esos valores tienen carácter imperecedero y perfil determinante. Son el esfuerzo, el sacrificio, el talento, la disciplina, la solidaridad y la modestia. Los jugadores que han obtenido el Mundial han sido leales a dichos principios y a los de la deportividad y el honor...el grupo al que represento reúne todas las virtudes que un entrenador ha deseado siempre, la humildad de un grupo de futbolistas que han hecho de la modestia un arma tan poderosa como su mismo y arrebatador juego..."

        Visto lo visto, está claro que esta persona no representa para nada todos esos valores y principios, no entiende la dimensión pública y social que desempeña alguien de su posición. Debiera hacer honor a todo ello y ser un ejemplo para todos aquellos que se ven reflejados en él. Siempre he dicho que cuando la faceta humana de un deportista trasciende del plano deportivo, es en ese preciso momento cuando me engancha totalmente. No llega con ser un campeón en la cancha, hay que serlo también fuera de ella. Los entrenadores, maestros, profesores...a lo máximo que podemos aspirar con nuestros alumnos es a ser justos en el trato con ellos, no podemos ser condescendientes cuando algo está mal y debieran arrepentirse y pedir perdón por ello, saliendo en su defensa y mandando quizás un mensaje equivocado de que aquí no ha pasado nada.

        Moratalla habla de respeto, pero éste hay que ganárselo, hay que hacerse merecedor de él. Y tiene que ser mutuo, en ambas direcciones.

        La rivalidad mal entendida no conduce a nada. La rivalidad tiene que servir para hacernos mejores. El fútbol en este caso, es un deporte al que por encima de ganar o perder, sobre todo se juega.

        Hace tiempo, con motivo de la consecución del tercer campeonato mundial por parte de un gran deportista gallego que estos días está también en boca de todos porque ha sumado un mundial más a la ya larga lista de títulos conseguidos, escribía una entrada que lleva por título: "LA VERDADERA  BELLEZA DEL DEPORTE" . Os animo a que la leáis porque creo firmemente que el modo de ver y sentir el deporte, la manera en como transmite su pasión y como vive su trabajo Javier Gómez Noya, son el camino a seguir para fomentar y hacer crecer en los más pequeños una serie de valores y principios, que con el tiempo, serán los cimientos sobre los cuales forjarán su vida.

¡¡¡Ya sabéis, haced deporte!!!

             

               

lunes, 3 de noviembre de 2014

LA SABIDURÍA DE LA TOSCANA. EL DEPORTE EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN.

        Hace tiempo, allá por las navidades del 2013, hice una reseña de un libro que me habían regalado y que me había encantado. Es un libro en el que el autor reflexiona sobre sus vivencias  y con ello te hace recordar las tuyas propias, y ves así que hoy en día no todo es como debiera o al menos no como te gustaría.

        En este libro, La Sabiduría de la Toscana, Ferenc Máté habla sobre naturaleza, sobre los vecinos y el vecindario, sobre las personas y sus valores y principios, habla de costumbres, de la recompensa al trabajo bien hecho, de comida y de vino..., y de deporte.

        Es para mí un libro del cual siempre echo mano porque reconforta leer algunos párrafos que me gustaría reproducir aquí:

        ...No hace mucho, teníamos una sociedad sensata parecida a la toscana en un aspecto fundamental: nos crecíamos los unos en compañía de los otros...Salía por la puerta de casa con mi guante de béisbol, corriendo hacia el campo mientras mi madre me gritaba: "¡ Ve con cuidado!".

        Después, nos poníamos a jugar. No teníamos equipos, ni entrenadores, ni equipación, ni bases; sólo un viejo bate cascado y unos guantes que compartíamos. Y el patio de la escuela no era un diamante bien cuidado, sino un viejo campo de fútbol con hierbajos polvorientos y gravilla...Para elegir los equipos, nos colocábamos dentro de un círculo y decidíamos quién tenía que jugar dónde. Luego nos calmábamos y jugábamos en serio, hasta que Eddy Emanoff bateaba uno de sus roletazos hacia la valla y alcanzaba la primera base riéndose entre dientes y resoplando; pero la segunda quedaba un poco cuesta arriba y Eddy nunca llegaba porque Jerry Allye lo agarraba, lo arrastraba y lo abofeteaba con el guante mientras Eddy se moría de la risa. Durante el partido, unos abandonábamos el terreno de juego y otros iban entrando; a veces, los padres se pasaban a mirar y algunos incluso se ponían a jugar...

        ...La primavera pasada visité a unos amigos en Florida...Aquella tarde me paré a mirar el partido de béisbol de unos chavales, jóvenes como Hardy cuando se sentaba en lo alto de la valla. ¡Dios,  menudo estadio!. Un auténtico diamante: base de lanzamiento, cuadro interior de césped artificial, arena rastrillada entre las bases, auténticas bases, casetas, bancos, equipamientos, clavos, niños con sus propios guantes y guantes de bateo para niños, y bates. Vaya si tenían bates, bateras con bates de aluminio más que suficientes para fabricar un Boeing 747 a partir del metal fundido.

        Sin embargo, a pesar de tanto esplendor material, todo el mundo se mostraba serio como si alguien acabara de morir. Padres inquietos animaban escandalosamente a sus hijos a conseguir la victoria, niños nerviosos gritaban manidas consignas y, cada vez más frustrados, arrojaban sus guantes con rabia. Lo peor era cuando los chavales bateaban en el campo. El entrenador se mordía el labio y les mandaba formar un corrillo, los desafiaba a "¡ser agresivos, hacérselas pasar moradas, darles una buena paliza, ir a por ellos!" porque ahora los tenían "asustados", los tenían "dominados".

        ¿Qué era esto?. ¿La guerra?. ¿O una panda de chavales jugando al béisbol?. ¿No podían esperar a que crecieran para pasarlo mal?. ¿Dónde estaba el gordinflón de Eddy Emanoff?. ¿Dónde estaba Ernie Flint con sus zapatillas de punta gastada?...

        Puede que a estas alturas el lector se pregunte qué diablos tiene que ver un partido de béisbol con nuestra sociedad en peligro...lo más triste y lamentable era que, a pesar de tanto esplendor material, no hubiera ni un niño divirtiéndose ahí fuera. Por supuesto que jugaban bien, pero ¿dónde estaban la alegría, la libertad y la risa?...

        ...Compartíamos aquellas cerezas como también compartíamos los guantes. A eso íbamos. No sólo a marcar home runs o derrotar al contrario - y jugábamos lo mejor que podíamos, de verdad que lo intentábamos -;había algo más. Se trataba de estar juntos. Ser amigos. Y no importaba en qué equipo jugaras, quién bateara mejor o quién atrapara mejor la bola; no importaba qué edad tuvieras, o que fueras niña - ¡Dios nos libre! -, ni siquiera que fueras gordo y lento. Era impensable jugar un partido sin Eddy; la jornada habría resultado triste sin su risa.

        De manera que jugábamos juntos, nos sentábamos juntos, y así aprendimos a arreglárnoslas sin padres, sin entrenadores, nosotros sólos. Aprendimos a hacernos reir los unos a los otros...


        ...Cuando jugaba como quaterback de reserva en mi último año de instituto...soy consciente  de que pertenecer a ese equipo envalentonaba mi tímido fuero interno, y sé que pasamos buenos ratos juntos...lo malo era que estaba todo organizado, supervisado. Te decían lo que tenías que hacer. Había que memorizar estrictas jugadas...si no lo hacías, al entrenador le daba un síncope. Creatividad y espontaneidad se contemplaban como último recurso.

        Un par de años antes, estuve en el equipo de fútbol. Como húngaro que soy, jugué al fútbol en mi infancia. Cuando tenía cinco años, jugábamos en la calle con un balón improvisado rellenando un calcetín con hojas de periódico y cosiéndolo bien...llegué a ser el más experimentado de aquel equipo canadiense. Sin embargo, en mitad del primer partido, el entrenador me sacó del campo, quejándose: " No tienes que hacer filigranas"...

        ...Muchos dirán que lo deportes organizados enseñan disciplina, pero ¿acaso no tenemos ya bastante disciplina?...

        ...Nadie guardaría estos recuerdos de nuestros domingos. En invierno, jugábamos al hockey en un estanque helado. Un chico, Bobby Murphy, patinaba tan mal que solíamos llamarlo "Menos". Pero jugaba igualmente, sin complejos: agitaba los brazos, trastabillaba, a menudo perdía los pases. Y de todos nosotros era Menos Murphy quién se lo pasaba más en grande que nadie.

        Aquella desgreñada pandilla de los domingos permanece para siempre en mis recuerdos como los sólidos y felices cimientos de mi vida...de los miembros del equipo de fútbol, no me acuerdo para nada.

        Seguramente esto que digo pone los pelos de punta, pues los padres tendemos a pensar que los deportes organizados son tan importantes como la leche materna. Deberíamos preguntarnos: ¿por qué?. Y deberíamos preguntar a nuestros hijos si en verdad les gusta entrenar. Si de veras les gusta o si lo hacen sólo por complacernos y animarnos. Tal vez la próxima vez que los llevemos a disputar un partido convendría detener el coche un instante, respirar hondo y pensarlo bien, desviarnos por una carretera secundaria, buscar el sencillo patio de un colegio y dedicar un tiempo precioso a jugar a la pelota. CON ELLOS.

        En nuestro pueblo aquí en la Toscana, hay un bonito campo de fútbol bajo la antigua fortaleza y un equipo para niños perfectamente organizado. Llevé allí a nuestro hijo cuando tenía diez años. Era buen jugador, no le disgustaba jugar en equipo y conocía a muchos de los niños; pero detestaba los largos y aburridos ejercicios de entrenamiento y los interminables partidos en los que rara vez tocaba el balón. Un día, semanas después, me dijo: "Papá, ¿no podemos jugar tú y yo en Camigliano?"...Jugamos. Los dos. Jugábamos en el mismo equipo, corriendo arriba y abajo, pasándonos el balón y finalmente chutando a portería...después jugábamos uno contra uno, fintando y regateando, jadeando al correr hasta reventar...De eso hace años. Ahora tengo más de sesenta. Sin embargo, las pocas veces que Buster viene a casa durante las vacaciones universitarias, aprovechamos la menor oportunidad para ir a Camigliano a regatear, fintar y chutar...


        Ya véis, "los sólidos y felices cimientos de mi vida" se construyen "con ellos". La "Actitud" no es otra cosa que el reflejo de lo que se ve y se experimenta. Los deportes reglados y estructurados aportan una disciplina necesaria y beneficiosa si está bien enfocada.

        Y en cada deporte, más allá de ganar o perder, pues la victoria y la derrota son algo inherente, no hay que olvidarse que lo primero y más importante, la esencia, la máxima expresión, es simplemente jugarlo.

        A mi, pobre iluso, me gusta pensar que en ningún deporte se gana o se pierde, sino que en todos se juega.

     
        ¡Ya sabes, haz deporte!. ¡Juega!.

        


        
        

        

lunes, 8 de octubre de 2012

EL DEPORTE. MEDIO Y FIN EN SI MISMO.

        El deporte ha estado siempre muy presente a lo largo de mi vida. De hecho ha sido uno de los pilares fundamentales sobre los que cimentar decisiones y conductas que luego han marcado el devenir de los años.

        Los recuerdos que tengo de mi infancia son de estar mucho en la calle. En mi época no había problemas por eso. Teníamos lugares de sobra donde pasar un buen rato sin temor a que nos sucediera nada malo, y si algo pasaba, solía ser porque tomábamos riesgos innecesarios de los cuales muchas veces no éramos conscientes. Teníamos muchos espacios abiertos donde improvisar partidos, de fútbol principalmente, alejados del tráfico rodado -antes no había tantos coches y no corrían tanto como ahora-. Recuerdo con especial cariño la huerta de Ernesto -ahora rúa da Santísima Trinidade-, menudo campo de fútbol que teníamos allí montado. La Pedrachán, el muelle marqués, el Espíritu Santo, o Monte do Bolo...la lameda, que no alameda. Salíamos cada tarde después del colegio a pasar un buen rato y el fin de semana sólo íbamos a casa a comer, para continuar luego hasta la cena. Los domingos, en mi caso, tocaba deporte de salón con Estudio Estadio de mañana y Estadio 2 de tarde, si mal no recuerdo. En este tiempo el deporte era un medio del que nos servíamos para juntarnos y disfrutar de amenos ratos.

        Con el tiempo y animado por varios amigos comencé a practicar atletismo en el club de la localidad de reciente creación -pocos imaginábamos entonces que marcaríamos una época en el atletismo gallego y nacional-. Por aquel entonces el deporte seguía siendo para nosotros un medio a través del cual conseguir otros fines que no pasaban de ir a tal o cual carrera a pasar el día con los amigos, o simplemente juntarnos tres días a la semana en el entrenamiento de turno para contarnos nuestras cosas y pasarlo bien. Cuando tocaba el campeonato provincial o el gallego, y se celebraba lejos con lo que había que ir a dormir fuera, era lo más. Hice nuevos amigos. Muchos. Amistades que después de tantos años conservo.

        El destino quiso que esto de correr se diera bien. Tuve la suerte de topar con buena gente que me enseñó el valor de la amistad y el compañerismo. Gente que me ayudó a suplir carencias y gente que cuando la cosa se volvió más exigente -a nivel dedicación-, me hizo ver que en realidad no me estaba perdiendo nada -salir de juerga es uno de los ejemplos más recurridos-, porque hacíamos lo que de verdad nos gustaba. Tuve la suerte de que me mostraran los verdaderos valores del deporte y hacerme ver que éstos se extrapolan perfectamente a la vida cotidiana. El sacrificio, la constancia, el esfuerzo, la dedicación, la ilusión por el trabajo bien hecho, la humildad... .





        Todo ello hizo que el deporte se convirtiera no sólo en un medio, sino en un fin en si mismo que además traía asociados una serie de beneficios. El objetivo pasó a ser disfrutar del deporte por el mero hecho de hacerlo, correr en mi caso, y verse recompensado por los beneficios que trae consigo. Doble disfrute. Beneficios físicos como levantarse cada mañana con ánimos y descansado, tener una forma física envidiable y actualmente poder seguirle el ritmo a mi hijo pequeño; beneficios psicológicos como poder desconectar por unas horas de la rutina diaria y darle un nuevo enfoque a los problemas, afrontándolos con fuerzas renovadas; beneficios sociales incuestionables en cuanto a relacionarse con otras personas... . Si definimos salud no sólo como la ausencia de enfermedades, sino como el bienestar físico, psíquico y social, el objetivo lo damos por conseguido.

        El deporte me dio además una serie de oportunidades y me facilitó con ellas la toma de decisiones. Lo único que tuve que hacer fue aprovecharlas poniendo de mi parte el esfuerzo necesario. Pude estudiar el bachillerato en el centro donde había cursado mis estudios hasta entonces porque me ofrecieron la posibilidad de hacerlo. Al tratarse de un centro privado y el bachiller no ser gratuito, no hubiera podido hacerlo por mis medios. Tendría que haber dejado a mis compañeros de toda la vida, a profesores que ya conocía, en definitiva, un entorno estable y empezar casi de cero en otro lado con todos los cambios que ello conlleva. Ésto no tiene porque ser malo, pero todos sabemos la importancia que tiene, en estas edades, un entorno estable y conocido. Tuve la opción de hacer la carrera universitaria que me gustaba, "INEF" , para lo cual había que pasar unas exigentes pruebas físicas pues el número de plazas era limitado. De esas plazas se reservaba un tanto por ciento para deportistas de élite y yo cumplía con los requisitos -no debían ser demasiado exigentes por aquella época-. El practicar deporte con "asiduidad" me lo puso más fácil si cabe, me dio una opción más a la que no podían optar otros. Practicar deporte con "asiduidad" me permitió pasar las pruebas con nota y no me habría hecho falta ser deportista de élite. Por tener derecho a ese calificativo podría no haberme esforzado tanto pues las plazas reservadas no llegaron a cubrirse, pero...la recompensa sabe mejor cuando lo has dado todo.   Ahora soy profesor de educación física en el centro escolar donde estudié . De alguna manera me gano la vida con el deporte y puedo tener una vida plena que comparto con mi familia.

        A lo largo de este rollazo que acabo de escribir hablo de suerte, destino, de oportunidades, de facilidades... . No se las puede esperar sentado. Hay que buscarlas. Y cuando llegan hay que hacerse merecedor de ellas.

        Ya sabes. ¡¡¡Haz DEPORTE!!!. Yo lo sigo disfrutando como siempre. La ilusión es la misma, las circunstancias evidentemente no. Pero la esencia no cambia.