domingo, 22 de marzo de 2026

Yes, we CAN

Lo primero decir que esta entrada comenzó a gestarse el 13 de enero. Recibí un mensaje y, como en el anuncio, cuando haces pop ya no hay stop. La maquinaria se puso en marcha y comenzaron a saltar ideas, una tras otra. Y una tras otra las fui anotando y tratando de organizar a medida que las escribía. Como el propósito del mensaje quedaba lejano todavía en el tiempo me lo tomé con calma, las ideas no paraban de llegar y fui rehaciendo el texto. Entre tanto escribí otras entradas y aproveché alguna idea que casaba perfectamente con ellas por lo que, si al leer notáis que me repito, que sepáis que esas palabras nacieron para esta entrada en concreto. Ahí va la primera.

Contaba Marc Márquez en una entrevista que con él no va la incertidumbre del ¿y si...? Decía que si sentía que tenía que hacer algo y estaba en su mano intentarlo, lo hacía. Yo creo que aquí ha pasado lo mismo. Pepe me enviaba un mensaje porque viendo unas fotos se dio cuenta de algo que todos sabemos, que hay una deuda pendiente con personas sobresalientes que han hecho mucho por el deporte de la villa y no se les ha reconocido o, al menos, no lo suficiente. Ante esto le dio por pensar, ¿y si podemos hacerlo? ¿Está en nuestra mano? ¡Pues adelante!


A finales de este mes de marzo hemos quedado unos cuantos para reunirnos en una comida. En ocasiones anteriores quedábamos antes para pegar un trote, pero en esta hemos decidido ir directamente a lo importante, jejeje. No será por tanto la primera vez que lo hacemos, pero sí la de mayor poder de convocatoria porque el motivo de la misma es decidir que acciones podemos llevar a cabo para realizar un merecido homenaje a todas aquellas personas "culpables" de la fundación del Club Atletismo Noia, así como a los que recogieron el testigo más tarde y han hecho posible que, el año pasado, el CAN haya cumplido 40 años. Todo un veterano del atletismo gallego. 

El deporte es muy honesto porque se trata de la evidencia, y que mejor prueba que todos esos años formando atletas desde la base, personas que más adelante han de ocupar su lugar en la sociedad. El deporte es cultura porque te da herramientas para enfrentarte a la vida, y aquí no hay debate posible, el atletismo es cultura de la buena. Hace poco le decía a uno de mis alumnos en una tutoría con sus padres, que yo no sabía que quería hacer con 12 o 13 años, pero empecé a correr y se me dio bien. Empezó a interesarme más el deporte y descubrí que había una carrera universitaria que iba de lo que a mí tanto me gustaba, de deporte. De repente me vi haciendo eso, tenía un propósito, y el atletismo me abrió la puerta y me ofreció oportunidades y medios para llegar. Eso sí, hubo que compaginar el placer del deporte con la obligación de los estudios en el cole, haciendo lo necesario para llegar con una base sólida a donde yo quería estar. Sobre esto, compaginar estudios y deporte, Pep Marí (psicólogo deportivo) nos da tres ingredientes: sacrificio, organización y disciplina. Comulgo con los dos últimos, pero ya sabéis que no con lo del sacrificio. No hay sacrificios sino decisiones que tomar. Cuando algo se quiere se analizan los riesgos y se toma una decisión. Si lo aceptas y te gusta lo que haces, es que estás dispuesto a darte más oportunidades para triunfar.

El último libro que he comprado va sobre baloncesto, sobre el uso de los datos y como aplicarlos al juego. "La nueva arquitectura del baloncesto" de Óscar Garrido Ledo, dice así en el prólogo: "durante años, el baloncesto fue para mí algo más que un deporte: fue mi pasión, el complemento a mi vida. Le he dedicado una cantidad de horas incalculable: verlo, entrenarlo, trabajarlo, pensarlo e incluso soñarlo. Era una lente a través de la cual podía observar el mundo". Fue, era... lo que somos perdura para siempre. Con las pequeñas o grandes adaptaciones necesarias a los tiempos que corren porque los años no pasan en balde, pero para siempre. 

Hablando del pasado y de baloncesto, yo empecé a amar el baloncesto los jueves. Esos días tocaba rodaje largo suave y, a veces, lo cambiábamos (sin que el entrenador lo supiera, jejeje) por una pachanga de basket en el garaje de Chícharo. Al final, lo que tenía que ser suave no lo era porque nos empleábamos a fondo, pero como cambiábamos de actividad no se notaba el desgaste propio de la carrera (muy importante el trabajo transversal). Me está dando mucho juego esto del baloncesto, así que vamos con otra que me va a servir para dar a conocer, a aquellos que no lo saben, el nivel al que se movía el atletismo en Noia. Hay una anécdota de cuando se instauró el concurso de triples en la NBA. En la primera edición estaban los jugadores preparándose en el vestuario y Larry Bird preguntó: "a ver chavales, ¿quién va a quedar segundo?" Bird acabaría ganando las tres primeras ediciones del concurso. El caso es que al segundo o tercer año de creación del club, cuando los rivales nos veían llegar a una competición nos daban por ganadores antes de correr: "ahí vienen los de Noia. Hoy toca luchar por quedar segundos". No vayáis a pensar que es soberbia o prepotencia. Lo cierto es que es lo que había porque el deporte es muy... honesto porque se trata de la evidencia. Un atleta de los de antes no se tunea (zapas de carbono, GPS...) se entrena, y si entrenas, andas. Veréis, los miércoles tocaban series largas: 1.000, 1.500, 2.000 metros. Las odiábamos pero había que hacerlas y las hacíamos (disciplina), sufríamos antes para no sufrir después en carrera (la teoría no siempre se demuestra en la práctica, sufríamos igual). Los miércoles, si fueran una canción de Celia Cruz sería aquella que dice: "que le den candela, ay que le den castigo" Y ya al final, ¡asúuuuucar! hasta la semana siguiente. ¿Y los sábados? Los sábados eran el día de no hacer prisioneros. Canabal o San Lois, daba igual pero cuesta arriba a toda mecha sin mirar atrás.

¿Qué me ha enseñado la experiencia? Pues que al final es importante que las cosas permanezcan a lo largo del tiempo para desarrollar el potencial que llevas dentro. Y si al final lo que importa es que las cosas permanezcan, al inicio lo que hace falta es que alguien tenga una idea y la ponga en marcha. Oye, que vamos a montar un club de Atletismo. ¿Un qué? Un club. ¿Y de qué? De Atletismo. ¿De eso que hacen cuatro locos en pantalón corto y camiseta? Sí, de eso. Te pongo de vocal, ¿vale? ¿Que me pones de qué? De vocal. Bueno, pues ponme.

Ya para terminar, y para darle sentido al título de la entrada, ¿qué sería de Obama sin el CAN? ¿Dónde iba a encontrar un eslogan molón como el que le hizo ganar las elecciones? Cuando nadie daba un duro por un presidente americano negro, este se vio reflejado en la historia de un pequeño club de atletismo gallego que nació del empeño de unos cuantos echaos palante, unos locos cuya fiebre por correr se contagió a cientos que vinieron después. Me contaba Polo que se iba a la Perouta, colgaba la camiseta de la rama de un árbol y venga a dar vueltas a un circuito que tenía por allí. A mis cuarenta y... dieeeez, las cosas poco han cambiado porque aprendemos de la gente de la que nos rodeamos y la Perouta me encanta. Si sale en las redes sociales que me he perdido porque mi Casio de toda la vida no sabe lo que es el GPS, ya sabéis donde encontrarme. O en el sendero del río Pesqueira, que también vale bien. (Voy a tener que cambiar el Casio que ya no clava los tiempos como antes, va más lento, jejeje)

El Atletismo, para mí, en palabras de Fito sería algo como esto:

"Quiero decirte que yo

contigo pude aprender

lo grande del corazón

lo que se puede querer"

                                                                                             (A Quemarropa, Fito y Fitipaldis)


miércoles, 4 de marzo de 2026

CAMBIAR AUNQUE NADA CAMBIE

"Este juego es generoso con los que lo respetan". Hace unos años me apropiaba de esta frase, la hacía mía y la ponía en lo alto de una entrada como título de la misma. Es de Sergio Scariolo, entrenador en aquellos momentos de la selección española de basket, apodada "La Familia" por el sentimiento de pertenencia que los integrantes tienen cuando acuden a su llamada, y por la sensación que los nuevos experimentan en el trato recibido nada más ingresar.

Me gusta mucho esta frase. No por que la haya dicho Scariolo, sino por la explicación que da a continuación: "refleja perfectamente la manera en la que me siento entrenador", y también por el momento que escoge para hacerlo; en el vestuario tras la semifinal del Mundial de 2019 en que España se proclama campeona. Un entrenador de un deporte de competición, con todas las normas y reglas que un deporte como el baloncesto tiene, cuyo fin último es ganar, hablando de juego y de respeto. No puedo estar más de acuerdo, todo deporte es un juego al que hay que jugar y, si lo respetas (que es algo que va implícito pero no siempre se hace) dignificas al deporte que amas y te haces tú mismo digno de jugarlo o enseñarlo. Importante esto de enseñar... ya sabéis que un entrenador hace mucho más que enseñar, ¿verdad?

En aquella entrada de hace años, haciendo referencia a unas declaraciones de Steve Kerr, entrenador de los Warriors, sobre el trabajo de los entrenadores en categorías inferiores, yo escribía lo siguiente: "a los entrenadores de categorías inferiores hay que dejarlos trabajar. Totalmente de acuerdo. Ni por asomo se me ocurriría meterme a discutir de aquello sobre lo que no tengo control ni los conocimientos suficientes, ni siquiera teniéndolos. Con una salvedad, hay que dejarlos trabajar mientras hagan correctamente el trabajo que se les ha encargado y para el cual han de estar preparados. Y con preparados no me refiero a los conocimientos necesarios sobre el deporte en si, que es algo que no se discute, sino a la gestión humana, que por algo trabajamos con personas. Y este aspecto, al que no prestamos la atención que sin duda merece, me mata".

El baloncesto, al igual que todas las actividades en las que compartes el terreno de juego y disputas un móvil con el rival, son deportes en los que se establecen relaciones de cooperación-oposición con los compañeros y los rivales. Hay que tratar de escapar de la vigilancia del contrario y el contrario intentar robar el balón siempre dentro de unas normas. ¿Hay contacto?, sí, por supuesto. Pero no son deportes de combate o de lucha, e incluso en estos existen unos límites que no deben cruzarse. En cualquier definición de táctica que hagas, esta debería acabar con la frase: "siempre dentro de los límites del reglamento". Pues bien, o la comprensión lectora es pobre, o los límites del reglamento están difusos y entonces lo que debemos es ir al oculista. Ya, dicen las malas lenguas que las normas están para no cumplirlas, incluso hay lenguas peores que las malas que incitan a engañar al árbitro, y que si este no pita vayamos más al límite. ¿Quiénes se ven perjudicados con esta forma de actuar? Aquellos que juegan por el placer de jugar, aquellos para los que el deporte es una lección de vida y la han aprendido bien. Recientemente Mick Cronin, entrenador de UCLA, retiró voluntariamente (agarrándolo de la camiseta) a uno de sus jugadores tras una falta flagrante cuando el jugador rival estaba en el aire y no tenía control sobre su cuerpo. Había faltado a clase el día que explicaron ese límite y lo aprendió por las malas de la mano de su entrenador que, en ese momento, dejó de enseñar el juego para educar en valores. ¿Sabéis lo malo de todo esto, de faltar al respeto al deporte?, pues que los que se ven perjudicados por esta concepción equivocada del deporte y no hallan apoyo en aquellos que tienen el poder de actuar y, por lo tanto, la responsabilidad y la obligación de hacerlo, corren el riesgo de parecer tontos. Lo bueno de los tontos, sin embargo, es que se equivocan porque no entienden aquello a lo que se enfrentan; pero con paciencia, compromiso y tiempo, pueden aprender. A la pregunta de si queremos que aprendan a jugar con malas artes, desprecio por el rival y por el deporte, la respuesta, para mí, es evidente... ¡NO!

Cuenta Marc Márquez en una entrevista, a propósito de la famosa patada de Rossi que lo sacó de la pista en una carrera, que no es bueno vivir con rencor porque es una pérdida enorme de energía y concentración. Estoy de acuerdo, se perdona pero no se olvida, por ello no hay que dar la mano a alguien que ya te la mordió. Hay un protocolo de choque de manos en algunos deportes al inicio y final de los partidos, en plan buen rollo y que gane el mejor. Me parece perfecto al inicio, pero no lo comparto al final si me has estado dando caña todo el partido y, por protocolo, tengo que darlo por bueno. Si el entrenador puede firmar el acta bajo protesta, contra el resultado o contra un hecho ocurrido durante el encuentro, ¿por qué no pueden los jugadores mostrar lo mismo renunciando a ese choque de manos cuando está plenamente justificado? Dice Eileen Gu, esquiadora acrobática nacida en Estados Unidos pero que compite por China, una crack cuya manera de pensar y transmitir sus reflexiones me flipa (obligatorio escuchar sus ruedas de prensa en las últimas olimpiadas) que "el deporte es muy honesto porque se trata de la evidencia y no de la autoafirmación". O del autoengaño. ¡Hala!, a reflexionar sobre esto que el algodón no engaña.

En ocasiones, cuando me da por escribir sobre las personas, me da también por hacer clasificaciones de estas. En esta entrada en concreto voy a clasificarlas en dos tipos: las que toman y las que dan. Las que toman quizá vivan mejor, pero las que dan duermen mejor porque juegan con sus propias reglas y viven de acuerdo a dos principios inquebrantables: la integridad y la honestidad. La integridad para decirse la verdad a uno mismo, y la honestidad para decirle a los demás las verdades que quizá no quieran oír. ¿Cuándo hay que echar mano de la honestidad? Cuando las cosas van bien. ¿Por qué cuando las cosas van bien? Veréis, cuando uno piensa y se marca un propósito, tiene que hacerlo también pensando en los escenarios donde todo va ir bien y no solo en aquello que puede ir mal. ¿Por qué?, porque en esos casos estás dispuesto a hacer lo necesario para conseguirlo; "haz lo que hay que hacer, cuando hay que hacerlo, tan bien como puedas hacerlo y hazlo todo el tiempo" (definición de disciplina de Bobby Knight). Cuando todo va mal no quieres oír un "ya te lo dije", lo que quieres es el cariño necesario para que la motivación encienda el motor de nuevo y la disciplina se ponga a trabajar. Marc Márquez, Rafa Nadal, Pau Gasol, todos ellos hablan de la importancia del entorno, de rodearte de personas a las que no le tiemble el pulso para contarte las verdades que no quieres escuchar. Que importante esto de escuchar, ¿verdad?. No hay mayor muestra de respeto que decirle a alguien lo que está haciendo mal, que no está dando lo que se espera de él, bajarlo del pedestal al que se haya subido, ponerle los pies en la tierra aunque en el olimpo de las estrellas se viva mejor. Todo ello es una muestra de que te importa.

Mike Krzyewski, Coach K, entrenador de Duke y uno de los más laureados y respetados de la historia, cuenta una anécdota de cuando empezó la secundaria con 14 años. Su madre le dijo: "rodéate de buenas personas que te hagan crecer. El éxito no es el azar, está construido por quién dejas que te rodee".

En aquella entrevista de Marc Márquez de la que hablaba antes, le preguntaban por qué dejar Honda (esto estaba claro, la moto no era buena y pasaba más tiempo sobre el asfalto que sobre la moto) e ir a un equipo pequeño cuando podía haber ido a cualquier otro más potente, con más medios y cobrando bastante más. Su respuesta fue que el dinero no lo puede comprar todo y, lo más importante, que no puede vivir con una pregunta, con el ¿y si...?, que si algo está en su mano, piensa que es lo correcto y puede hacerlo, adelante sin importar el que dirán. Que su vida la vive él acompañado de la gente de la que, él, decide rodearse.

Por todo ello, cuando las cosas se tuerzan de alguna manera y puedas ser parte del cambio que quieras ver, cambia. Cambia y dile a las personas que te importan que hay algo que no está funcionando. Si no te compensa lo que hay, ¿qué estás dispuesto a hacer para que la situación cambie? Si las cosas ya están mal, ¿qué importa que se pongan peor intentando que vayan mejor? Al menos, de esa manera, todos seremos conscientes que algo falla y las cartas estarán sobre la mesa esperando a quién tenga agallas para jugar. ¿Y si nada cambia? Si yo cambio todo cambia porque lo veré de otro modo y me quedará la satisfacción de haberlo intentado. El problema lo tendrán otros o yo si estoy equivocado, pero tanto de una u otra manera, habré aprendido.

Para terminar ahí va otra reflexión de Eileen Gu: "entreno como si nunca hubiera ganado y compito como si nunca hubiera perdido". Disciplina para seguir teniendo hambre de victoria, volviendo a lo básico a pesar de las medallas, y confianza para que no te afecten los errores o las expectativas ajenas. Por cierto, Eileen es una muestra de que los que hacen deporte sacan buenas notas. Estudia física cuántica en Stanford.