Lo primero decir que esta entrada comenzó a gestarse el 13 de enero. Recibí un mensaje y, como en el anuncio, cuando haces pop ya no hay stop. La maquinaria se puso en marcha y comenzaron a saltar ideas, una tras otra. Y una tras otra las fui anotando y tratando de organizar a medida que las escribía. Como el propósito del mensaje quedaba lejano todavía en el tiempo me lo tomé con calma, las ideas no paraban de llegar y fui rehaciendo el texto. Entre tanto escribí otras entradas y aproveché alguna idea que casaba perfectamente con ellas por lo que, si al leer notáis que me repito, que sepáis que esas palabras nacieron para esta entrada en concreto. Ahí va la primera.
Contaba Marc Márquez en una entrevista que con él no va la incertidumbre del ¿y si...? Decía que si sentía que tenía que hacer algo y estaba en su mano intentarlo, lo hacía. Yo creo que aquí ha pasado lo mismo. Pepe me enviaba un mensaje porque viendo unas fotos se dio cuenta de algo que todos sabemos, que hay una deuda pendiente con personas sobresalientes que han hecho mucho por el deporte de la villa y no se les ha reconocido o, al menos, no lo suficiente. Ante esto le dio por pensar, ¿y si podemos hacerlo? ¿Está en nuestra mano? ¡Pues adelante!
El deporte es muy honesto porque se trata de la evidencia, y que mejor prueba que todos esos años formando atletas desde la base, personas que más adelante han de ocupar su lugar en la sociedad. El deporte es cultura porque te da herramientas para enfrentarte a la vida, y aquí no hay debate posible, el atletismo es cultura de la buena. Hace poco le decía a uno de mis alumnos en una tutoría con sus padres, que yo no sabía que quería hacer con 12 o 13 años, pero empecé a correr y se me dio bien. Empezó a interesarme más el deporte y descubrí que había una carrera universitaria que iba de lo que a mí tanto me gustaba, de deporte. De repente me vi haciendo eso, tenía un propósito, y el atletismo me abrió la puerta y me ofreció oportunidades y medios para llegar. Eso sí, hubo que compaginar el placer del deporte con la obligación de los estudios en el cole, haciendo lo necesario para llegar con una base sólida a donde yo quería estar. Sobre esto, compaginar estudios y deporte, Pep Marí (psicólogo deportivo) nos da tres ingredientes: sacrificio, organización y disciplina. Comulgo con los dos últimos, pero ya sabéis que no con lo del sacrificio. No hay sacrificios sino decisiones que tomar. Cuando algo se quiere se analizan los riesgos y se toma una decisión. Si lo aceptas y te gusta lo que haces, es que estás dispuesto a darte más oportunidades para triunfar.
El último libro que he comprado va sobre baloncesto, sobre el uso de los datos y como aplicarlos al juego. "La nueva arquitectura del baloncesto" de Óscar Garrido Ledo, dice así en el prólogo: "durante años, el baloncesto fue para mí algo más que un deporte: fue mi pasión, el complemento a mi vida. Le he dedicado una cantidad de horas incalculable: verlo, entrenarlo, trabajarlo, pensarlo e incluso soñarlo. Era una lente a través de la cual podía observar el mundo". Fue, era... lo que somos perdura para siempre. Con las pequeñas o grandes adaptaciones necesarias a los tiempos que corren porque los años no pasan en balde, pero para siempre.
Hablando del pasado y de baloncesto, yo empecé a amar el baloncesto los jueves. Esos días tocaba rodaje largo suave y, a veces, lo cambiábamos (sin que el entrenador lo supiera, jejeje) por una pachanga de basket en el garaje de Chícharo. Al final, lo que tenía que ser suave no lo era porque nos empleábamos a fondo, pero como cambiábamos de actividad no se notaba el desgaste propio de la carrera (muy importante el trabajo transversal). Me está dando mucho juego esto del baloncesto, así que vamos con otra que me va a servir para dar a conocer, a aquellos que no lo saben, el nivel al que se movía el atletismo en Noia. Hay una anécdota de cuando se instauró el concurso de triples en la NBA. En la primera edición estaban los jugadores preparándose en el vestuario y Larry Bird preguntó: "a ver chavales, ¿quién va a quedar segundo?" Bird acabaría ganando las tres primeras ediciones del concurso. El caso es que al segundo o tercer año de creación del club, cuando los rivales nos veían llegar a una competición nos daban por ganadores antes de correr: "ahí vienen los de Noia. Hoy toca luchar por quedar segundos". No vayáis a pensar que es soberbia o prepotencia. Lo cierto es que es lo que había porque el deporte es muy... honesto porque se trata de la evidencia. Un atleta de los de antes no se tunea (zapas de carbono, GPS...) se entrena, y si entrenas, andas. Veréis, los miércoles tocaban series largas: 1.000, 1.500, 2.000 metros. Las odiábamos pero había que hacerlas y las hacíamos (disciplina), sufríamos antes para no sufrir después en carrera (la teoría no siempre se demuestra en la práctica, sufríamos igual). Los miércoles, si fueran una canción de Celia Cruz sería aquella que dice: "que le den candela, ay que le den castigo" Y ya al final, ¡asúuuuucar! hasta la semana siguiente. ¿Y los sábados? Los sábados eran el día de no hacer prisioneros. Canabal o San Lois, daba igual pero cuesta arriba a toda mecha sin mirar atrás.
¿Qué me ha enseñado la experiencia? Pues que al final es importante que las cosas permanezcan a lo largo del tiempo para desarrollar el potencial que llevas dentro. Y si al final lo que importa es que las cosas permanezcan, al inicio lo que hace falta es que alguien tenga una idea y la ponga en marcha. Oye, que vamos a montar un club de Atletismo. ¿Un qué? Un club. ¿Y de qué? De Atletismo. ¿De eso que hacen cuatro locos en pantalón corto y camiseta? Sí, de eso. Te pongo de vocal, ¿vale? ¿Que me pones de qué? De vocal. Bueno, pues ponme.
Ya para terminar, y para darle sentido al título de la entrada, ¿qué sería de Obama sin el CAN? ¿Dónde iba a encontrar un eslogan molón como el que le hizo ganar las elecciones? Cuando nadie daba un duro por un presidente americano negro, este se vio reflejado en la historia de un pequeño club de atletismo gallego que nació del empeño de unos cuantos echaos palante, unos locos cuya fiebre por correr se contagió a cientos que vinieron después. Me contaba Polo que se iba a la Perouta, colgaba la camiseta de la rama de un árbol y venga a dar vueltas a un circuito que tenía por allí. A mis cuarenta y... dieeeez, las cosas poco han cambiado porque aprendemos de la gente de la que nos rodeamos y la Perouta me encanta. Si sale en las redes sociales que me he perdido porque mi Casio de toda la vida no sabe lo que es el GPS, ya sabéis donde encontrarme. O en el sendero del río Pesqueira, que también vale bien. (Voy a tener que cambiar el Casio que ya no clava los tiempos como antes, va más lento, jejeje)
El Atletismo, para mí, en palabras de Fito sería algo como esto:
"Quiero decirte que yo
contigo pude aprender
lo grande del corazón
lo que se puede querer"
(A Quemarropa, Fito y Fitipaldis)
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